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Conejo

     El   Príncipe   Idiota    
               en   el
   País de las Fantasias  

Cuento tomado del Periódico Opiniones de México !
año II, volumen II, num. 55 del 21 al 27 de junio de 1994.
Presidente y Director General : Lic. Guillermo Orozco Barquin.

Hubo una vez un reino muy rico y bello, pero con gente muy pobre en extremo, explotada y víctimada por las injusticias, todo eso gracias a su Rey, la enorme corte y sus virreyes, que se habían apoderado del reino después de una gran revolución del pueblo dentro de la cual se fueron infiltrando los acomodaticios hasta quedarse con el poder.

El reino de Nunca Jamás, que así se llamaba, se encontraba en un momento difícil y los siervos estaban hartos de tanta maldad y soberbia del Rey Neoliberio y sus esbirros.

La situación había empeorado por causa de que éste soberano había nombrado sucesor al trono a su segundo hijo : Apuleyo.

Los siervos, incitados por su guerrero de las selvas, mejor conocido por el mote del "Tigre encapuchado", había encendido la llama libertaria y puesto de cabeza, aún más al reino de Neoliberio y sus agentes.

La situación, en aquellos lejanos tiempos, era grave y más con las acciones del heredero al trono, el nefasto Apuleyo, quien desde sus alcobas reales hablaba y hablaba sin parar, para luego andar por los poblados del reino acompañado de los virreyes prometiéndoles a los siervos tantas cosas que ni él mismo sabía lo que decía.

El Príncipe Apuleyo viajaba en burro y ya se sentía el Rey en persona y hasta daba órdenes, lanzaba editos y hacía proclamas.

El buen tontín a quien el pueblo apodó "El Principe Idiota", por su gran parecido a una famosa novela escrita muchos siglos atrás, tuvo que enfrentar graves problemas por su incapacidad mental y física para tomar el mando del reino de Nunca Jamás.

Como era lógico, el Rey tuvo que enviarle un astuto escudero, el que en un momento dado pensó que bien podía ser él; el verdadero sucesor de Neoliberio.

Ese personaje folklórico y audaz, amén de maquiavélico, se llamaba Lupo Barbanegra y era tan hábil, que lo mismo andaba en el Castillo del pinar que entre los desarrapados y el viejerío, jugando contras a todos.

Sin embargo, la cosa estaba muy complicada, pues al pobre desquiciado de Apuleyo y al zorro de Lupo Barbanegra, también los enfrentaba un cortesano arrepentido que luchaba por llegar al poder apoyado por grandes grupos de artesanos y sirvientes, este luchador verbal era el Duque de la gran Buchaca y estaba metido de lleno por la lucha por el trono.

¡ A que tiempos tan difíciles para Nunca Jamás !, y todo por la intolerancia de Neoliberio, quien insistía en heredar, a como diera lugar, el pobre de Apuleyo el que no sabía ya que prometer, y mucho menos tenía idea de lo que íba a hacer una vez aplastado en el trono real.

Sólo había un ser capaz de encontrar la forma de que por "artes mágicas", Apuleyo se quedara en palacio : Merlín Cartapacio, "marqués devoto", sin embargo, toda su alquimia resultaba insuficiente e inútil para ayudar al Principe Tontín.

Pero como en todos los cuentos de hadas, había un ser capaz e idóneo para salvar al reino del "caos total", y éste era el Conde Manocacho, hombre ejemplar, o cuando menos creible que sabía manejar el verbo y tenía conocimientos vastos en materia de intercessión en casos difíciles.

Claro que no la tenía nada fácil, pues después de que el Rey se negó a armarlo Caballero, lo envió a los confines del reino para ver si contenia a las hordas desarrapadas de los siervos de los pequeños feudales de la jungla Nuncajamaseña, mismas que comandaba el Tigre encapuchado, y por si fuera poco, Manocachose había ganado el odio eterno de Apuleyo, quien hasta festejó la truculenta encomienda hecha al buen Conde Manocacho.

Pero la clave de este cuento está en Apuleyo y su padre Neoliberio, pues el Rey no quería dejar el trono y con Apu, como le decía de cariño, tenía seguro el mando, pués éste era tan tonto, pero tan tonto (además de miedoso) que le impresionaba hasta "la forma misteriosa en que los panaderos metían el migajón a sus panes," y en lugar de dar sombra son su esmirriado cuerpo cortesano ¡ daba lástima !

Pero eso sí, daba órdenes hasta por encima de su Rey y se uncía la corona que le caía hasta el cogote.

Nada bueno se podía esperar de un "Jóven Reyecito" : inexperto, boquiflojo, entelerido, temeroso e ignorante; pero a Neoliberio si, y la jugada estaba en acabar con el Tigre encapuchado; colar a la silla, detrás de Apu al inquieto y truculento Lupo Barbanegra, al tiempo que se deshacía del Conde Mancacho y celebraba pactos convenientes con otros reinos más poderosos.

Pero las cosas, ni en los cuentos son como las pintan, y el reino de Nunca Jamás entró en una era de tinieblas, en donde los brujos y los malvados luchaban día con día con las fuerzas del bien y del pueblo.

El final del cuento no lo sabemos y esperamos encontralo en alguna parte y en algún momento, sin embargo, la moraleja de este es : No por mucho gobernar amanece soleado, y quien en tontos confía a rebuznar aprende.

Conejo


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Ultima modificación: 23 de Marzo de 2000.

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